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Censura, ofensa y religión, ¡Monzón!





Hola amigos y bienvenidos a un nuevo episodio de In cafeína veritas. En esta ocasión voy a hablar del enaltecimiento de la censura por parte del gobierno, de mi opinión sobre el delito de ofensas a las libertades religiosas y por último hago una reseña breve del libro “De rodillas, Monzón” escrito por El Gran Wyoming







Descargar el episodio 14 de In Cafeína Veritas: Censura, ofensa y religión, ¡Monzón! (MP3. 19,6 Mb)

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Transcripción


En la pasada semana han ocurrido cosas realmente notables en el deprimente arte de censurar: un rapero va a ir a la cárcel por criticar a la monarquía, un libro que relata la relación entre política y narcotráfico en Galicia ha sido censurado por orden de un juez, y como colofón han retirado una obra de arte en ARCO que criticaba la situación de los presos políticos que participaron en el referéndum de independencia. Así las cosas, sumándose a los anteriores actos de censura al cantante de Def con Dos, a los titiriteros, a otros raperos muy críticos con la acción del gobierno y, en suma, la persecución de toda obra que se pueda tildar de ofensa a los estamentos del poder establecido, podemos afirmar que el autoritarismo se ha instalado muy tranquilamente en los aparatos de poder del Estado, y que dicho autoritarismo está siendo fervorosamente aplaudido por los medios de comunicación que, lejos de aplicarse en la tarea de la rendición de cuentas y escrutinio del Gobierno, dedican henchidos de patriotismo columnas de opinión celebrando los últimos desmanes y ocurrencias de una caterva de políticos ultranacionalistas y neoliberales que han parasitado las estructuras de este país hasta ponerlas a su completa disposición.

Pero tranquilos, hay que ser optimistas, tal vez si siguen con su autoritarismo éste desemboque paulatinamente en una dictadura de rancia moral católica. Porque no solo de ofensas al honor de la corona y de ensalzamiento del terrorismo vive el juez que dicta sentencias sonrojantes para cualquier demócrata, está en pleno apogeo también el delito de atentar contra los sentimientos religiosos (léase: destapar las vergüenzas de la Iglesia). Habida cuenta de que gran parte de esta élite parasitaria anda metida en una conocida secta religiosa llamada Opus Dei, están consiguiendo que el miedo se instale de nuevo entre sus fieles (y digo fieles porque la Iglesia nos considera a todos fieles, como si fuéramos de su propiedad). Vimos la cruzada de la Iglesia contra un chaval que se hizo una foto como Cristo, no ya cocinarlo, sino simplemente hacerse un montaje con Photoshop. Jugando con las mismas cartas, algunos trataron de denunciar la letra del himno de España que perpetró una cantante hace poco, arguyendo que atentaba contra los sentimientos ateos, puesto que en la canción se le da las gracias a Dios por nacer español. No parece haber tenido mucha consecuencia esta llamada a la reflexión.

Me gustaría incidir en el tema de la ofensa a los sentimientos religiosos, puesto que de todas las ofensas, es la más absurda en un país que se dice laico. Parece que se ofenden mucho y variado, los católicos. El delito de ofensas a la libertad religiosa se está usando para denunciar todo aquello que en la mente de un ultracatólico sea visto como un ataque a su religión. A cierta parte de la Iglesia todo le molesta, excepto sus privilegios, claro está. Me pregunto: ¿el ateísmo es un sentimiento religioso? Puedo ofenderme como ateo por ver cómo los fieles de la iglesia católica tienen tal preeminencia en conseguir castigos para aquellos que consideran que les ofenden en un país laico como es España?

Ofender ofenden más las soflamas de algunos obispos y cardenales hacia la libertad sexual, ofensas estas que caen en saco roto, y que más bien parecen esconder el deseo reprimido. El afán de los hombres de la iglesia por inmiscuirse en la vida sexual de la gente siempre ha venido de largo. Algunos dirán, ¡ah! ¿Por qué no te metes con el Islam? ¿No os lo han preguntado alguna vez?: “¿Por qué no te metes con los musulmanes? ¿Tienes miedo?” Pues bien, aquí va una sucinta explicación: los musulmanes no ostentan poder alguno en el conjunto de España. No hay una ley islámica que nos gobierna, no hay una sharia, por tanto no hay ninguna urgencia en señalar los defectos y desmanes de esta religión en tanto que no ostenta poder alguno en la sociedad española. Eso no quita de que opine que ciertamente es preferible que jamás una ley religiosa como la sharia se imponga en España, puesto que se verían muy perjudicadas las libertades individuales, en especial las de las mujeres. Pero veo lejano ese supuesto. En cambio, veo cada vez más cerca la aprobación de leyes de ideología católica bajo el paraguas de un supuesto bien social laico. Recordemos que no hace muchos años el gobierno del PP, con el Ministro Ruiz Gallardón a la cabeza, promovió la prohibición del aborto, un derecho social que costó mucho alcanzar.

¿Por qué la religión no se queda en la esfera de lo privado? Por qué no dejan al libre albedrío de cada uno lo que hace con su espiritualidad, con sus actos de fe, con sus creencias? Tal vez porque si estas cosas se dejan escoger ya no hace falta una estructura, no se requieren de altavoces que nos dicten lo que está bien y lo que está mal, puesto que en religión no es cosa nuestra escoger, sino obedecer. Y la religión católica no está diseñada para escoger de ella lo mejor que tiene, o lo que más nos interese, está diseñada para ser obedecida y temida, como un artefacto al servicio del poder con el fin de dominar al pueblo. Por eso no interesa a nadie la supuesta elevación del espíritu y la paz que proporciona una religión, sino el sometimiento al que te debes: he aquí la ofensa, la ofensa de mostrar el gigantesco engaño del sometimiento, la ofensa de señalar con furia el mercadeo de las almas y la duda a la que someten al pueblo –¡siempre pecador!– por parte de la Iglesia Católica.

Reseña: ¡De rodillas, Monzón!

Al hilo de esta crítica a la religión me gustaría reseñar hoy el libro que escribió el Gran Wyoming sobre su infancia y juventud y que fue publicado en 2016: ¡De rodillas, Monzón! En este libro nos ofrece un somero repaso de lo que significaba la España de Franco en los años 60 y 70. Tengo que decir que empecé a leer el libro con reticencias, puesto que me esperaba algo como una sucesión de anécdotas y ocurrencias más o menos hilados con el fin de ensalzar la figura como cómico del autor y de paso darle duro al Gobierno. Pero no es exactamente así, el libro posee una prosa amena, está bien escrito y no abunda en la exaltación del autor, sino que muestra con honestidad su pasado juvenil en la Falange y la vinculación de su familia en el bando nacional. Para alguien de izquierdas supone un ejercicio de sinceridad, y hace bien, no hay que renegar ni dulcificar el pasado: se es lo que se es por haber vivido, por el mero hecho de transitar, por la elección que se hace tras conocer las opciones disponibles que en un momento dado nos ofrece el contexto.

Como me está quedando largo el podcast, no me voy a centrar en su periplo vital (el libro abarca desde su niñez hasta las postrimerías de la juventud, antes de hacerse famoso), y me voy a centrar en mostraros algunos pasajes, como por ejemplo este: “no lo olvidemos, España fue el único país donde el fascismo no fue derrotado, permaneciendo en el poder durante cuarenta años”.

De Salvador Dalí dice que “le pudo más su amor al dinero que al arte. André Breton le bautizó como Avida Dollars. Se convirtió en un bufón de la dictadura. En su primera visita a Madrid después de la guerra manifestó: Vine para visitar a los dos caudillos de España. El primero Franco. El segundo Velázquez.”

De la figura de los porteros de edificio y de los serenos también da un apunte, no tan buenrollista nostálgico como tenía yo en mente: “para obtener un certificado de buena conducta (indispensable para poder viajar al extranjero) un policía de la comisaría del barrio visitaba las inmediaciones del domicilio del solicitante consultando a los tenderos, vecinos, portero y sereno por las costumbres del susodicho [...] nadie podía tener la llave del portal de su casa, una forma simple y eficaz de controlar al personal y sus costumbres, que denota el nivel de represión de la dictadura, su tendencia a la humillación y su obsesión por estar presente en lo cotidiano. [...] Para entrar en el propio domicilio a partir de determinada hora había que llamar a gritos al sereno.”

De los movimientos sociales que vivió en su época de juventud destaca el de la Generación Beat “término que fue sustituido de forma peyorativa por el de beatnik, palabra que inventó un periodista fundiendo beat y Sputnik, nave que utilizaron los soviéticos para lanzarse al espacio, en un intento de asociarles con el enemigo. [...] Hubo dos manifiestos imprescindibles que son su biblia: el poema de Allen Ginsberg: Aullido, y la novela En la carretera, de Jack Kerouac. Básicamente era un movimiento contracultural, anticapitalista y antimaterialista”.

Y terminamos con la guinda, sus recuerdos del caso Redondela, dice el autor: “El padre de una compañera de otra clase murió en extrañas circunstancias; al parecer, se había suicidado. Luego corrió por los pasillos que lo del suicidio no estaba nada claro y que aquel hombre estaba relacionado con un extraño caso de corrupción que salió a la luz, cosa infrecuente en aquellos años. [...] Se conoció como el caso Redondela porque fue en esa localidad donde se produjo un hurto de millones de kilos de aceite. En el caso estaba implicado el hermano de Franco, Nicolás. [...] La cuestión se resolvió por las bravas, con el resultado de siete muertos relacionados con la investigación. Testigos que se iban suicidando de forma súbita, entre ellos el funcionario que denunció el escándalo, su mujer y su hija de veintiún años embarazada. [...] El proceso se cerró en falso. Las investigaciones no llevaron a sitio alguno [...] El juez del caso Redondela, por lo visto, se portó con cierta benevolencia, descartando la participación de determinados personajes implicados [...] La papeleta para el magistrado no era fácil y cumplió con sus obligaciones cualesquiera que estas fueran en una época en la que los enchufes y los favores se tenían muy en cuenta. Sus cuatro hijos sacaron las oposiciones más difíciles a la primera, en un año. Los dos mayores fueron los registradores de la propiedad más jóvenes de todos los tiempos. [...] El nombre de aquel magistrado que dicen que tapó lo que pudo, con el que Franco quedaría eternamente agradecido, es Mariano Rajoy Sobredo. Su hijo, un genio cuya gesta opositora no se ha vuelto a producir, se llama Mariano Rajoy Brey y llegó a presidente del Gobierno”.

Y hasta aquí llega el podcast de esta semana, espero que os hayáis entretenido un rato, o por lo menos haberos ofendido aunque sea un poco. Nos escuchamos en el próximo episodio, ¡adiós!

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